Más allá de los paneles: el reto de desarrollar energía solar en Hidalgo

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La falta de conocimiento sobre la historia, la cultura y las prioridades de las comunidades puede frenar los proyectos fotovoltaicos en Hidalgo, por lo que su desarrollo requiere diálogo, información y participación social desde la planeación, señaló César Abelardo González Ramírez, profesor investigador del Área Académica de Química del Instituto de Ciencias Básicas e Ingeniería de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH).

Investigador de la UAEH en un laboratorio, acompañado de una composición con paneles solares al atardecer.
César Abelardo González Ramírez, investigador de la UAEH, destacó el potencial de Hidalgo para desarrollar proyectos de energía solar y otras fuentes renovables. (Imagen ilustrativa: composición elaborada con fotografía de la entrevista.)

Los parques fotovoltaicos no pueden calificarse de manera general como buenos o malos, ya que su viabilidad depende del diseño integral de cada proyecto, del conocimiento del territorio donde se pretende instalar y de sus impactos ambientales, sociales y económicos, afirmó César Abelardo González Ramírez, profesor investigador del Área Académica de Química del Instituto de Ciencias Básicas e Ingeniería de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH)especialista en temas energéticos

Al ser consultado sobre la viabilidad de estas instalaciones, tras la cancelación de dos proyectos en Hidalgo debido a la oposición de las comunidades donde pretendían desarrollarse, el investigador recordó que entre 2011 y 2013 participó en la elaboración del Balance Energético del Estado de Hidalgo, mediante el cual se identificó a la entidad como un punto estratégico para el sistema energético nacional.

El estudio fue realizado conjuntamente por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales de Hidalgo (Semarnath) y la máxima casa de estudios, como parte del Programa Estatal de Acción ante el Cambio Climático (PEACCH), y concluyó que en Hidalgo se procesa, produce y envía más del 80 por ciento de la energía que consume el centro del país. Además, documentó el potencial de distintas regiones para desarrollar fuentes de energía solar, eólica, hidroeléctrica y geotérmica.

Sin embargo, consideró que ese potencial solo podrá aprovecharse plenamente si las inversiones se construyen con una visión integral y con conocimiento de las regiones donde se desarrollarán.

“Las empresas conocen muy bien del tema tecnológico de la generación de energía, pero tal vez llegan con poco conocimiento de la historia y de la cultura en el estado de Hidalgo”, señaló.

Explicó que la energía solar representa una alternativa para satisfacer la demanda eléctrica y reducir el uso de combustibles fósiles; no obstante, los proyectos de gran escala requieren superficies extensas y pueden entrar en conflicto con actividades productivas como la agricultura.

“Hablar en general de la energía fotovoltaica como algo bueno o malo depende del proyecto y del uso”, sostuvo.

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Dos proyectos solares frenados por el rechazo comunitario

Durante 2026, dos proyectos de generación solar de gran escala fueron cancelados o archivados definitivamente en Hidalgo después de enfrentar la oposición de las comunidades donde pretendían instalarse. Se trata del Parque Solar Tulancingo, proyectado en Singuilucan, y del Parque Fotovoltaico de Tecozautla, los cuales contemplaban, en conjunto, una capacidad de generación de 218 megawatts.

El primero ocuparía 196 hectáreas de terrenos agrícolas en Singuilucan y tendría una capacidad de 118 megawatts. Sin embargo, a finales de junio de 2026, la empresa Desarrollos Fotovoltaicos de México del Centro desistió del procedimiento de evaluación de impacto ambiental, después de que habitantes de la zona manifestaron su inconformidad, por lo que el expediente fue archivado.

Un mes después ocurrió una situación similar en Tecozautla. El parque fotovoltaico representaba una inversión estimada de 150 millones de dólares y contemplaba la instalación de más de 204 mil paneles solares sobre aproximadamente 588 hectáreas, con capacidad para generar 100 megawatts.

La empresa Green Park Energy, filial de Grupo Cox, desistió de continuar con el proyecto después de que la comunidad indígena de San Joaquín rechazó la obra durante el proceso de consulta.

Ambos casos muestran que el desarrollo de proyectos energéticos no depende únicamente de la disponibilidad de recursos naturales, tecnología y capital, sino también del diálogo con las comunidades y de la evaluación de sus posibles repercusiones ambientales, sociales y económicas.

El territorio también forma parte del impacto ambiental

Para González Ramírez, uno de los principales errores es pensar que la evaluación ambiental únicamente consiste en revisar las condiciones físicas de un sitio.

Explicó que un estudio de impacto ambiental también debe considerar a las personas que viven en el territorio, su organización social, sus actividades económicas y la forma en que convivirán con la infraestructura energética.

“El impacto ambiental no solamente es ver la caracterización biótica o abiótica de un lugar, la fisiografía, la orografía o la hidrografía, sino también toda la sociedad que está poblando y que va a tener que convivir con esos proyectos”, explicó.

Añadió que el rechazo de una comunidad no significa necesariamente que un proyecto o la tecnología fotovoltaica sean negativos.

“No quiere decir que, por haberse rechazado el proyecto, necesariamente fuera malo. Tampoco quiere decir que, si se instala a futuro, vaya a ser bueno. Depende mucho de la operación de los proyectos, de cómo se lleven y cómo se les dé mantenimiento”, afirmó.

Uso del suelo puede generar conflictos con comunidades

Uno de los principales factores de controversia en la instalación de plantas solares es la superficie que requieren para alcanzar la capacidad de generación prevista.

El investigador explicó que existe una relación directa entre la cantidad de electricidad que se desea producir y el terreno necesario para instalar los paneles fotovoltaicos.

Esto puede generar diferencias cuando los espacios considerados corresponden a tierras agrícolas, ejidales o comunales, o cuando las comunidades tienen previstos otros usos para ese territorio.

En Hidalgo, añadió, conviven dos actividades estratégicas: la agricultura y la generación de energía.

Aunque tradicionalmente el campo ha sido considerado uno de los principales motores económicos de la entidad, los estudios sobre el balance energético muestran que la producción, transformación y distribución de energía también representan una actividad fundamental para el desarrollo estatal.

“Un beneficio es la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero; un aspecto en contra es el uso de superficie natural o superficie que, para las comunidades, puede ser más relevante si se dedica a la agricultura”, puntualizó.

Además de los paneles solares, explicó, estos complejos requieren líneas de transmisión, subestaciones eléctricas, sistemas de almacenamiento, cableado e infraestructura industrial para transportar la energía hasta los puntos de consumo.

“No es solamente pensar que se va a instalar un panel, sino todas las líneas eléctricas y subestaciones que implica a lo largo del camino”, indicó.

Por ello, consideró indispensable que empresas y autoridades expliquen los proyectos de manera transparente para que la población pueda tomar decisiones informadas.

Hidalgo tiene potencial para diversificar su generación de energía

Más allá del debate sobre las centrales fotovoltaicas, González Ramírez sostuvo que Hidalgo reúne condiciones naturales para desarrollar distintas fuentes de energía.

Recordó que el balance energético estatal permitió identificar que la entidad desempeña un papel estratégico dentro del sistema energético nacional.

“Energéticamente hablando, para el centro del país, el estado de Hidalgo es crucial, porque aquí se procesa, se produce y se envía más del 80 por ciento de la energía que consume todo el centro del país”, afirmó.

Explicó que ese potencial no se limita a la energía solar.

En materia hidroeléctrica destacó la central asociada a la presa de Zimapán; en Tecozautla señaló la existencia de recursos para el aprovechamiento de energía geotérmica, mientras que la Comarca Minera presenta condiciones favorables para el desarrollo de energía eólica, donde incluso ya se han realizado estudios, aunque todavía no existen parques de este tipo.

Para la energía solar mencionó al Valle del Mezquital y a la región de los Llanos de Apan, donde existe un alto nivel de insolación que favorece la instalación de sistemas fotovoltaicos.

Recordó que en esta última región ya se desarrollaron proyectos cerca de Emiliano Zapata y en los límites entre Hidalgo y Tlaxcala, además de una planta fotovoltaica instalada en Nopala.

Agregó que en el norte del estado también existe la posibilidad de aprovechar yacimientos de gas natural, mientras que la región de Tula mantiene un papel relevante en el procesamiento de energías secundarias gracias a la refinería.

Asimismo, destacó que la energía solar puede aprovecharse mediante sistemas de generación distribuida para viviendas y comunidades alejadas de las redes convencionales, así como mediante calentadores solares que reducen el consumo de gas LP y contribuyen a disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero.

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Actualizar el balance energético y fortalecer la participación social

El académico consideró que uno de los pendientes para Hidalgo es actualizar el Balance Energético del Estado, elaborado entre 2011 y 2013, con el fin de conocer la capacidad actual de generación y procesamiento de energía, así como identificar las oportunidades de inversión que existen en las distintas regiones. 

“Tal vez lo que tendríamos que hacer es una revaloración de en qué capacidad de generación y de procesamiento energético estamos y qué proyectos de toda índole energética existen en el estado”, comentó. 

Sin embargo, señaló que el éxito de las futuras inversiones no dependerá únicamente del potencial energético de Hidalgo o del desarrollo tecnológico de las empresas, sino también de su capacidad para integrarse a las comunidades donde buscan establecerse.

Explicó que muchas compañías especializadas en generación de energía llegan al estado con un amplio conocimiento técnico sobre la construcción y operación de este tipo de infraestructura; no obstante, desconocen la historia, la cultura y las dinámicas sociales de las regiones donde pretenden desarrollar sus proyectos.

“Las empresas conocen muy bien del tema tecnológico de la generación de energía, pero tal vez llegan con poco conocimiento de la historia y de la cultura en el estado de Hidalgo”, señaló. 

A su juicio, esa falta de conocimiento puede romper la armonía entre las inversiones y las comunidades, por lo que consideró indispensable fortalecer la colaboración entre gobierno, academia, empresas y sociedad para construir proyectos con mayores posibilidades de éxito. 

El investigador sostuvo que las universidades pueden aportar no solo conocimiento científico y tecnológico, sino también una comprensión más profunda de la historia, la cultura y las características sociales de cada región, elementos que pueden contribuir a una mejor selección de los sitios y a una mayor aceptación de las inversiones. 

Asimismo, planteó que los proyectos no deberían limitarse a la inversión inicial ni depender exclusivamente de especialistas provenientes de otras entidades o países. Consideró necesario fortalecer la formación de capital humano hidalguense para que las propias comunidades participen en la operación y desarrollo de estas iniciativas, generando empleo local y un mayor sentido de pertenencia.

Incluso ejemplificó que no genera el mismo nivel de confianza que un funcionario explique un proyecto en una comunidad, a que sea un joven ingeniero originario de esa misma región quien, después de formarse e involucrarse en el proyecto, regrese a su hogar para explicar a su familia y vecinos cómo funciona y cuáles pueden ser sus beneficios, incluyendo las oportunidades de empleo que representa.

En ese sentido, insistió en que el desarrollo energético no puede desvincularse del fortalecimiento educativo y científico del estado.

“No podemos separar los proyectos de inversión económica de Hidalgo de los proyectos educativos, formativos, de concientización y de fomento a la educación y la ciencia en todas las regiones del estado”, afirmó. 

Finalmente, sostuvo que Hidalgo cuenta con condiciones favorables para ampliar la generación de energías alternativas; sin embargo, insistió en que ese potencial solo podrá aprovecharse mediante proyectos con planeación, transparencia, sustentabilidad y participación social.

“Mientras más informados y más educados estemos como población, más conscientemente podremos tomar decisiones a favor o en contra de los proyectos”, concluyó. 

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