Sombreros Don Javier conquista EU: ocho de cada 10 piezas se venden en ese país

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La marca fundada por Alejandro Díaz en San Mateo Tlachomulco, Zempoala, elabora sombreros artesanales desde 14 mil pesos y ha llevado sus piezas hasta el Fashion Week de París.

Alejandro Díaz sostiene un sombrero charro artesanal blanco con bordados verdes y dorados en una hacienda de Zempoala.
Alejandro Díaz, fundador de Sombreros Don Javier, elabora en San Mateo Tlachomulco piezas artesanales que han llegado a clientes de Estados Unidos, España y al Fashion Week de París.

Lo que comenzó como una alternativa ante la pérdida de empleo durante la pandemia se convirtió en una marca artesanal con alcance internacional. Sombreros Don Javier, empresa fundada por Alejandro Díaz en el municipio de Zempoala, vende actualmente en Estados Unidos ocho de cada 10 piezas que comercializa.

El proyecto nació después de que Díaz se quedara sin trabajo debido a la suspensión de eventos durante la emergencia sanitaria. Antes de emprender, se desempeñaba como jinete de toros y estaba vinculado con la charrería, actividad que despertó su interés por contar con sombreros limpios y de calidad.

“Todo inició durante la pandemia. Me convertí en emprendedor porque me quedé sin trabajo y también por la iniciativa de querer tener sombreros limpios, ya que me dedicaba a la charrería”, narró en entrevista para Agenda Económica Mx.

Su negocio inició con la reventa, pero posteriormente avanzó hacia la elaboración completa de los sombreros. Actualmente, la marca atiende entre 40 y 60 clientes mensualmente, principalmente de México y Estados Unidos.

“Yo inicié en la azotea de un departamento que rentaba y hoy me siento muy contento de ver hasta dónde he llegado”, relató el emprendedor.

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Sombreros artesanales desde 14 mil pesos

La producción se realiza en San Mateo Tlajomulco, municipio de Zempoala, comunidad de la que es originario Alejandro Díaz.

Cada sombrero atraviesa un proceso artesanal que comienza con la selección del pelo. De acuerdo con el fundador de la marca, para elaborar una sola campana se requieren entre 60 y 70 pieles, las cuales deben cumplir con características específicas de color y gramaje.

Posteriormente, se aplican distintas resinas y materiales que permiten dar forma, rigidez y durabilidad a la pieza. El sombrero se trabaja sobre moldes de madera mediante técnicas tradicionales, vapor, moldeado y planchado manual.

“Todo el sombrero prácticamente es un proceso artesanal, desde la extracción del pelo y la revisión de que todo sea blanco para una sola campana”, explicó.

La elaboración de la denominada “pasta”, es decir, el sombrero todavía sin adornos, puede concentrar alrededor de medio día de trabajo, aunque el proceso completo requiere tiempos adicionales para la aplicación y secado de las resinas.

Los precios de las piezas comienzan en 14 mil pesos y pueden aumentar dependiendo del diseño, los materiales y el trabajo requerido.

Ocho de cada 10 piezas se venden en Estados Unidos

El principal mercado de Sombreros Don Javier está conformado por integrantes de la comunidad charra. La mayoría de sus clientes se encuentra en México y Estados Unidos, aunque las piezas también han llegado a Canada y España.

Díaz aseguró que, al menos durante los últimos meses, ocho de cada 10 sombreros se han vendido en el mercado estadounidense.

La marca también ha elaborado piezas para integrantes de las familias Aguilar y Fernández, además de cantantes, reinas, capitanes y campeones nacionales, así como equipos completos de charrería.

Su crecimiento le ha permitido colaborar con diseñadores mexicanos e incorporarse al ámbito de la moda. Los sombreros elaborados en Zempoala incluso estuvieron presentes en el Fashion Week de París.

El objetivo a mediano plazo es consolidar la marca como un referente y ampliar su presencia entre consumidores jóvenes que buscan sombreros de calidad, durabilidad y protección.

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De una azotea a los mercados internacionales

Antes de fundar la empresa, Alejandro Díaz trabajaba como jinete de toros. La cancelación de eventos durante la pandemia lo dejó sin empleo y lo llevó a comenzar un proyecto propio.

Desde la azotea del departamento que rentaba, inició con la comercialización de sombreros de lana. La confianza de sus primeros clientes le permitió avanzar de la reventa a la producción artesanal y ampliar gradualmente su mercado.

Para Díaz, su experiencia demuestra que las condiciones iniciales no determinan el alcance que puede tener un emprendimiento.

“Nunca minimicen los sueños que puedan tener y mucho menos se dejen guiar por críticas que nunca serán constructivas. Aquí los límites somos nosotros”, expresó.

Además de producir y comercializar sus piezas, Sombreros Don Javier abre su taller mediante visitas previamente agendadas, para que las personas conozcan el proceso artesanal detrás de cada sombrero.

El fundador también invitó a conocer San Mateo Tlajomulco, comunidad que cuenta con un bosque donde pueden realizarse actividades como ciclismo, recorridos y cabalgatas.

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